martes, 17 de abril de 2007

El fin no es el fin porque no acaba lo que no empezó





Harto de sentirse señalado el lobo de característico sentir irritable no pudo controlar su instinto asesino y lanzar la mordida para defenderse. Por desgracia la víctima fue mi mejor amiga (caprichosa, envidiosa, indecisa, miedosa pero uno de los espíritus más puros que he tenido oportunidad de sentir).

Muchos dicen que su incertidumbre ya la tenía en un estado de coma andante y que la herida aunque dolorosa sería en punto necesario para causar en ella una reacción, para que la vida volviera.

Justificaciones vanales…lo cierto es que el ataque asesino se dio y aunque las causas puedan ser entendibles aunque ella lo haya provocado, aunque no se hubiera querido ser tan certero, la herida hoy sangra y tras la reacción el tratar de lamerla de nada sirve pues el dolor provocado es muy grande y más cuando la obstinación bloquea su fase de entendimiento. Hoy como siempre en el futuro no escuchará, sólo ha vuelto a colocarse la capa llamada miedo, sus ojos de nuevo son ciegos.

La esperanza y la fe hacen pensar que esa guerrera se levantará con mayor carácter y con hambre de libertad y entonces entenderá que la frase de aquel cubano soñador era cierta “se deja de jugar, se deja de mentir, se aprende que matar…es ansias de vivir”.

Entonces mi pequeña será feliz y libre, lo lamentable es que no estaré ahí para compartirlo porque no me perdonó que yo lo fuera con alguien más, porque no me perdonó haber encontrado mi compañera tras su abandono.

Porque lo cierto es que estuve al pie de batalla, lo cierto es que di el último grito de ayuda para que la batalla aún pudiera seguir pero su necedad de mujer, su espejismo de que las cosas son por siempre, su falsa creencia de que las cosas pueden “pertenecer” , eso y mi impaciencia o tal vez mi instinto que sabía que mi complemento estaba en otro lado fue lo que me llevó a otro sendero, a mi camino real.

Lo verdaderamente lamentable es que por este conjunto todo se perdió y aquel momento al que tanto temía, aquel en que nunca más podríamos conjugarnos, llegó.. perdí a mi amiga.

La culpa que cargo es el contagio de la indecisión y la permisión a sostener el cadáver del hijo muerto por unos segundos más aún a sabiendas de que el milagro de Lázaro no se repetiría. No era cuestión de deseos… todo tiene un periodo de estancia y cuando se ha dejado ir ya no hay nada que hacer.

Ya he dejado de contar ayeres